“Cuerpo y decoración” de Frédérique Lucien en el Museo Matisse

Iles, 2001 Encre sur forex 150 x 122 cm

Feuillers, 2018 Ensemble de papiers découpés, collés, acrylique

Forme, 1995 Acrylique sur papier marouflé sur bois 208 x 148 cm

Henri Matisse devant des feuilles de papiers gouachés Vers 1952 ©Lydia Delectorskaya

Trulli
Iles, 2001 Encre sur forex 150 x 122 cm
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Feuillers, 2018 Ensemble de papiers découpés, collés, acrylique
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Forme, 1995 Acrylique sur papier marouflé sur bois 208 x 148 cm
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Henri Matisse devant des feuilles de papiers gouachés Vers 1952 ©Lydia Delectorskaya

#NICE Lejos de las líneas angulosas y de los estratos coloreados de Cézanne, alejándose de la materia viva de Van Gogh en busca de la misma esencia del mundo que la pintura revelaría, Matisse más humildemente, y como sabemos, originalmente sin un apetito particular por el arte, inició un camino solitario que muchos otros artistas siguieron a su paso. Frédérique Lucien se desenrolla en el Museo Matisse de Niza, los hijos de su filiación al Maestro y sus influencias, Hantaï, Shirley Jaffe, los artistas de Support-Surface y muchos otros. Necesita la misma humildad para seguir los pasos del pintor, tanto en la evidencia de su contribución como en la realización de las semillas que sembró aquí.

“Cuerpo y decoración” da lugar así a la dimensión corporal que, aparentemente, para el pintor se redujo a un motivo y a una organización circular para dar ritmo a muchas composiciones de una obra luminosa. Frédérique Lucien se apropió entonces de los elementos de la decoración matissiana, arabescos y plantas, para expresarlos en su relación con este cuerpo decorativo que interpretó en los giros del dibujo, la porcelana esmaltada y otros materiales. Pero este artista, en una cincuentena de piezas, traza también las estaciones de la historia de una obra que se presenta en fragmentos, cortes y grandes volúmenes de color. No para completar la obra de Matisse, sino para extraer de ella lo que el pintor, en su relación con la decoración, la luz y la monumentalidad, hizo invisible.

Ya no es tanto un diálogo con el artista como una oportunidad para darle un seguimiento, sino en el sentido de un seguimiento musical. Porque los cortes y las lágrimas de papel o los colores aplastados cuyas formas resuenan en el vacío de blanco o dispersas en las paredes del museo, sintonizan con el ritmo de una fuga que nos aleja, ciertamente tras las huellas de Matisse, pero sobre todo con el deseo que implica: el ideal de perfección en un acuerdo sincero con el mundo. Como si los cuerpos y los decorados estuvieran tejidos, rayados o dispersos como los momentos de una danza, la de esta unión con el mundo tan querida por el artista. La pintura se convierte entonces en esta joya del cuerpo cuyo eco nos llega en la restitución del poder armonioso de Matisse. Combina con el mineral y la verdura, refleja el temblor de la naturaleza. Es un logro.

 

Hasta el 2 de junio de 2019

Frédérique Lucien, “Corps et décors”

Museo Matisse

Avenida de las Arenas de Cimiez 164

06000 Niza

Michel Gathier

Con formación literaria, Michel Gathier desarrolló su pasión por el arte a una edad muy temprana, especialmente durante largas estancias en el extranjero. Ha colaborado en la revista “L...

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