Maxime Duveau:”Reapertura del famoso juego de billar cósmico”

Vue exposition, Maxime Duveau Photo©Sidney Guillemin

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Trulli
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#NICE El blanco y negro resultante del dibujo no está arraigado en ningún orden natural, sino que se ha enriquecido con convenciones culturales relacionadas con la fotografía y el cine. El lápiz de mina, el grafito y la línea que suponen se retrasan para técnicas lejanas, ya que un dispositivo autónomo se interpone ahora entre el artista y la imagen. Técnicas que tocan nuestras fantasías lo más cerca posible, sin embargo, a través del desgarro de la luz oscura y la incandescencia del negro helado que a veces emerge. La luz entonces corta la historia de su espada para restaurar el infierno de pasiones, amores perdidos, vagabundeos y todo lo que un plan cinematográfico, como una novela negra, puede sugerir. Maxime Duveau dibuja esta fantasía, no desde la línea -nada lineal aquí- sino según los sucesivos estratos de su apariencia.

La historia que tenemos que formular es similar al recorte de Brion Gysin y Burroughs cuando la superficie del dibujo se construye sobre capas que nos llevan a lo más lejano de la imagen.
Maxime Duveau practica el dibujo según un procedimiento muy particular que toma su fuente de una fotografía cargada de esta mitología que el cine ha desarrollado en gran medida, California: una estética de paisajes paradisíacos, vagabundeos y ansiedad. Y más allá de eso, la aparición de la pantalla, el juego de las pasiones, y aún más, la quema de los impulsos que las impulsan.

Historia, por tanto, metafórica, de profundidad de campo, de capas sucesivas, de yuxtaposiciones y borraduras. Es todo esto que el dibujante se esfuerza por sacar a la superficie un papel o una pared. La foto en el origen de la imagen se trabaja en su profundidad, en el cuerpo del negativo. El grafito y el carbón vegetal recogen trazas de él para ser impreso en la hoja sometida a corte, desgarro y sobreimpresión. Las figuras reaparecen entonces en los pañuelos de los sueños, las expectativas del paraíso en el corazón de un infierno urbano bajo las sombras de palmeras fingidas y bajo un sol que no se encuentra en el corazón de la noche. Aquí la vida se teje hasta la muerte como el grito del silencio. Los cortes de lo real estallan como tristes escapes de luz. David Lynch, Hitchcock, y quizás paradójicamente, la pintura de Edward Hopper -aunque el hombre haya abandonado el universo de Maxime Duveau- nunca están lejos.

El artista sondea las sinuosidades del vientre de la imagen. Hace incisiones, toma pistas, mapea las faltas y la sangre negra. Poco a poco, su trabajo se hizo más complejo, la superficie menos exigente para una exploración más sensible de las profundidades. Es a través de una cita de los cortes ornamentales de Matisse con sus orbes florales que Maxime Duveau logra establecer este énfasis entre la superficie decorativa y las cuestiones más analíticas del dibujo. Los temas y las representaciones de la misma tienden entonces hacia un pretexto como si siempre fueran similares a una película que se va a desarrollar.

¿Qué más surge de ella sino el eco de un recuerdo, de una narración cuyo movimiento sin forma siempre debe ser registrado, cuyo aliento es cortado? Así es como se desarrolla una sintaxis. En la brecha entre una forma simple y un universo vertiginoso. O para utilizar el título de la exposición en una “Reapertura del famoso juego de billar cósmico”.

 

Y como recordatorio, este texto escrito para una exposición anterior en el mismo lugar….

“Pinta mis acciones más oscuras que la noche”, escribió Cornelius en Medea. Pero las acciones atacan al ser humano y sus mitos cuando el fondo del que emergen refleja una oscuridad aún más profunda. Es en la materia oscura del carbón, así como a través de juegos de borrado y cobertura, donde Maxime Duveau exhibe la mitología de una California reducida a una señalización recurrente de clichés, palmeras, líneas que se desvanecen hacia una luz ausente y sin horizonte. Una decoración vacía de hombres y acción.

El encuadre de las fotos que son la matriz de la misma surge en sus hipérboles como atrapado en el vértigo onírico de una toma cinematográfica. Pero donde cabría esperar, por convención, una sobreexposición de los colores y el exceso, el dibujo se clava, a través del blanco y negro, en el negativo de la imagen. Se refiere a la extinción. No por un dibujo hecho de líneas, sino construido sobre masas recortadas y cachés para reducirlo a la trivialidad del negro. Aterciopelado, sedoso o áspero, se apodera del espacio y lo infecta. Porque si las huellas de una realidad reducida a un único conjunto están presentes en la fotografía, Maxime Duveau dibuja principalmente la desaparición de la realidad.

Nuestras mitologías, expresadas sobre todo en la estela de los iconos del Pop Art, se basan así en una atracción que los artistas nunca han dejado de acompañar ni de deshacer. Roland Barthes escribió: “¿Cuál es la esencia del mito? Se trata de poner un sentido en forma. En otras palabras, el mito es siempre un robo del lenguaje. “Añadió:”¿No tiene sentido resistirse a esta captura que lo amenaza? De hecho, nada puede ser inmune al mito. »

Maxime Duveau trabaja en la materia misma del mito; devitaliza los efectos superficiales dentro del poder del negro y su opacidad cuando los efectos de la seducción se extinguen en imágenes planas, vaciadas de toda sustancia, exiliadas al deseo. El papel se despelleja y, de sus escamas rasgadas, en los fragmentos de una blancura aguda, surge la esperanza de una luz: la realidad. El dibujo se convierte entonces en este off-field fotográfico por el que el artista evita los sueños despiertos y las trivialidades exóticas de una economía comercial construida sobre los escombros de la realidad.

En sus “Estructuras antropológicas del imaginario”, Gibert Durand demostró que el imaginario no sería inagotable y que se reproduciría a lo largo de líneas lógicas e isomórficas. Maxime Duveau hace radiografías de este cuerpo transversales a cualquier representación de masas y en un gesto que reconecta con el espíritu griego, contrasta los dos modos antitéticos de pensamiento, el logos (“razonamiento”) y el mythos (“mito”), no verificables pero intratables en sus efectos de belleza y persuasión. El artista es aquí quien, como Barthes, se adentra en las formas de nuestra mitología contemporánea para extraer sus logos y significados.

 

Maxime Duveau,”Reapertura del famoso juego de billar cósmico”

13 de abril – 8 de junio de 2019
Galería de espacios en venta
10 rue Assalit

06000 NICE

Michel Gathier

Con formación literaria, Michel Gathier desarrolló su pasión por el arte a una edad muy temprana, especialmente durante largas estancias en el extranjero. Ha colaborado en la revista “L...

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